Él era más de música.
Ella de literatura.
Él amaba escribir canciones,
ella recitaba poesía.
Él le compuso las más hermosas armonías;
ella en cambio (lo) hizo un poemario.
Un día él se cansó de cantar dulces melodías,
mientras, ella lo recordaba
en cada verso marchito de otoño.
Él voló muy lejos; se llevó consigo
miles de sinfonías dedicadas para ella,
que muy pronto cambiarían de dueña.
Ella en cambio no pudo volver a recitar
nunca más preciosos sonetos,
porque su agonía la consumió.
Él era su poema,
pero ella jamás fue su melodía.

silencios-poeticos